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Hacia una ecología integral

Cristianisme i Justícia analiza en su último cuaderno la conversión ecológica que plantea el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si'.
Hacia una ecología integral

Hace casi dos años, en mayo de 2015, se publicaba la encíclica Laudato si, en la que por primera vez, un Papa dedicaba un documento magisterial tan importante como una encíclica a tratar el tema ecológico. En ella, el Papa Francisco plantea una meta ambiciosa: un cambio del ser humano, un cambio profundo e integral en el modo de percibir, de ver y de estar en el mundo. En definitiva, una conversión ecológica.

El centro de estudios Cristianismo y Justicia acaba de publicar ahora el cuaderno "Hacia una ecología integral", fruto del seminario interno que el centro dedicó el curso pasado a este tema y del trabajo de sus dos autores, los jesuitas Joan Carrera y Llorenç Puig.

La intención de este cuaderno es desarrollar los valores necesarios para vivir el proyecto que plantea la Laudato si. Y es que Francisco no deja escapatoria a los creyentes para tomarse en serio esta cuestión. Según el Papa, para los cristianos, sus deberes con la naturaleza forman parte de su fe.

Entonces, ¿qué nos pide la Laudato si?

La conversión que propone obliga a tomar unas opciones determinadas que afectan a la propia vida, el comportamiento, los compromisos, las prioridades y la sensibilidad. No se trata, pues, de buscar soluciones técnicas a los problemas del medio ambiente, sino de algo más profundo: un gran desafío cultural y espiritual, en el que la educación tiene un papel clave.

El cuaderno presenta las ideas nucleares de la encíclica, los valores que deberían definir una nueva ética ecológica, así como los comportamientos y actitudes necesarios para cambiar nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza.

Crisis ambiental y crisis social

Uno de los puntos principales en los que insiste el Francisco es la estrecha vinculación de la cuestión social y la ecológica. Laudato si integra los derechos sociales con los nuevos derechos del medio ambiente y los derechos de las minorías culturas, porque son los más pobres y las minorías culturales los que más sufren la problemática ecológica.

Así, nuevamente, Francisco no deja escapatoria y la encíclica afirma que "un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social". Este concepto de justicia se amplía a las generaciones futuras, tomando conciencia de que nuestras acciones y omisiones tendrán consecuencias en un futuro y pueden hipotecar la vida de nuestros descendientes.

Apostar por otro estilo de vida

Esto obliga a redefinir el concepto de progreso, ya que "un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso", asegura el cuaderno. Y nuevamente, pide un cambio en nuestro estilo de vida y de consumo, evitando el derroche y descubriendo el valor intrínseco de las cosas frente a la mirada utilitarista y tecnocrática que predomina actualmente. Es un reto que va mucho más allá de un cambio de hábitos y que nos habla de aprender a valorar dimensiones de la felicidad que no estén relacionadas con el hecho de tener o poseer.

Hay pues, implícita en la encíclica, según los autores, una crítica al sistema económico actual, ya que "constata que muchos de los valores que promueve el sistema están en clara tensión con los valores ecológicos propuestos": la forma de entender la propiedad privada, el concepto de progreso, el modelo productivo y de consumo actual, el comportamiento de las empresas transnacionales,... no parecen compatibles con las propuestas de una economía analizada desde la ecología integral.

Otra forma de relacionarnos con la naturaleza

De hecho, según el cuaderno, "la encíclica señala el antropocentrismo desmesurado de nuestra época como una de las raíces profundas de la problemática ecológica". Frente a ello apuesta por tomar conciencia de la interdependencia entre todos los seres vivos, dejando de considerar el entorno en función del beneficio propio y avanzando hacia una ética de la compasión universal que promueva que todos los seres vivos puedan vivir dignamente. Esta nueva forma de relacionarnos a través de la interdependencia la encontramos en muchas tradiciones religiosas, formulada como comunión entre todos los seres.

Los autores

Joan Carrera. Jesuita, licenciado en medicina y doctor en teología. Profesor de Moral Fundamental en la Facultad de Teología de Catalunya. Profesor colaborador en ESADE. Ha publicado con Cristianisme i Justícia los cuadernos "En busca del Reino" (cuaderno 101, agosto 2000), "Mundo global. Ética global" (cuaderno 118, abril 2003), "Horizonte Kyoto" (cuaderno 133, mayo 2005), "Identidades para el siglo XXI" (cuaderno 147, junio 2007), "El problema ecológico: una cuestión de justicia "(cuaderno 161, junio 2009) y "Una relación difícil. Cristianismo y sociedad desde la perspectiva ética" (cuaderno 170, noviembre 2010). Es miembro del equipo de Cristianisme i Justícia.

Llorenç Puig. Jesuita. Delegado de los jesuitas en Cataluña. Doctor en Física y profesor en el Instituto de Teología Fundamental. Colabora en pastoral universitaria, a Universitarios Loyola y en el IQS. Forma parte de Entxartxad, grupo de solidaridad con Chad. Investiga en el campo de las relaciones entre ecología y religión, fe y ciencia.

Descargar el cuaderno:

  • “Hacia una ecologia integral” - [descargar]

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