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El autor quiere a través de este Cuaderno comunicar sus reflexiones e imágenes que le sirven para pensar y gozar del Cielo. En sus palabras, no es más que la vida en plenitud del Reino de Dios, más allá de nuestra historia, del espacio y del tiempo en el que vivimos nuestra vida biológica y su relación con nuestra tierra. Al fin y al cabo, preguntarse por Cielo no es otra cosa que preguntarse por el sentido y el destino último de todo esto que conocemos.
En las páginas de este cuaderno se analiza el papel del cristiano en el Cuarto Mundo, mundo que se puede resumir como aquel en el que viven los marginados de un Occidente cada vez más rico y a veces frío. Pero, ¿qué implica esta tarea que tantos cristianos de hoy en día hacen al margen de sus trabajos y responsabilidades familiares? ¿En qué aspecto están interconectadas sus horas de voluntariado con el mensaje de Jesús? El autor nos ayuda con su texto a vislumbrar las claves de esta realidad.
Dorothy Day es posiblemente la figura más importante del catolicismo norteamericano del siglo XX, aunque no es demasiado conocida en nuestro ambiente. Su vida compartida junto a los pobres y su compromiso con la noviolencia activa le granjearon tantas críticas como alabanzas. Siempre fiel a la Iglesia y contundente contra el capitalismo, no todos los católicos americanos la comprendieron ni compartieron su posición. Mujer laica, madre, abuela, trabajadora, revolucionaria y profundamente religiosa, Dorothy ofrece un modelo de vida para estos lances iniciales del siglo XXI.
El autor del presente cuaderno, buen conocedor del teólogo Ratzinger, intenta en unas pocas páginas y utilizando un lenguaje inteligible, contextualizar la cristología de J. Ratzinger- Benedicto XVI a partir de su biografía teológica. Esta contextualización resulta necesaria si se pretende evitar caer en estereotipos y si se desea apreciar en su justa medida lo que está en juego tanto a nivel teológico como a nivel eclesial.
Hoy, una tentación del creyente no es abandonar la humanidad de Jesús para ir más perfectamente hacia Dios, sino abandonarla para quedarse con una divinidad sin rostro. Una divinidad sin el contorno humano de Jesús de Nazaret en la que proyectar, entonces, una imagen humana deducida de nuestras ideas racionales sobre la divinidad. Jesús nos da miedo ¿por qué?
Creyentes o no creyentes, todos deberíamos hacer un esfuerzo por engrasar las junturas de nuestra convivencia, si no queremos deslizarnos por una pendiente que podría terminar en una catástrofe sin precedentes. Este cuaderno sitúa en el ámbito de la relación con los otros, el lugar privilegiado de encuentro con Dios, siendo la contemplación en el seno de la relación interhumana una de las especificidades del cristianismo.
Tradicionalmente, el mensaje evangélico ha sido presentado como una utopia comúnmente aceptada como ideal apetecible para todos. Sin embargo, basta con fijarse en el destino trágico de Jesús y en el de los mártires cristianos de todos los tiempos para concluir sin ambages que el horizonte del Reino de Dios es fundamentalmente distópico.«Las utopías/distopías evangélicas se sitúan más allá del ámbito moral, no buscan premiar a pobres virtuosos y castigar a ricos codiciosos. Denuncian una situación previa a cualquier acción: la mera existencia de riqueza en un contexto de pobreza generalizada es una situación escandalosa que exige ser cambiada.» (pag. 6)