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A través del fenómeno mundial de la Globalización, la autora de este Cuaderno nos presenta los problemas, los retos, las esperanzas para una fuerte y consolidada Democracia. Sin embargo como queda latente en estas páginas que el lector puede analizar, el asunto es delicado y puede comportar diversos problemas si no se trabaja en la sociedad y la ciudadanía para fortalecer dicha institución.
El autor de este cuaderno realiza un trabajo exhaustivo centrado en cómo a partir de la Ilustración, y por tanto desde el inicio de la humanidad en la era moderna, la religión ha hecho su aportación al pensamiento y a la sociedad de hoy en día. El lector puede encontrar el trabajo un poco pesado, por eso se recomienda una lectura tranquila y concentrada. A raíz del Siglo de las Luces, la religión fue apartada de su papel predominante en todos los ámbitos y la razón tomó su lugar. Veremos como esto afectó el pensamiento moderno.
El vigente modelo neoliberal de globalización, lejos de frenar la degradación ecológica, reducir las desigualdades y garantizar derechos fundamentales, ha convertido la gestión del agua en una nueva oportunidad de negocio que depreda los recursos hídricos y aumenta la vulnerabilidad de los más débiles. Es necesario promover una “Nueva Cultura del Agua” que recupere, desde la modernidad, la vieja sabiduría de las culturas ancestrales basadas en la prudencia y en el respeto a la naturaleza.
El mundo que hemos conocido durante las últimas décadas parece estar desmoronándose a marchas forzadas. Este cuaderno pretende centrarse en todas estas transformaciones, en su análisis pero también en las herramientas de transformación que estan surgiendo desde los movimientos sociales. Como señalan los autores otro mundo no sólo es posible sino que otro mundo “ya está siendo posible”, por lo que es importante continuar ayudándolo a nacer.
Más de medio siglo después de su nacimiento, y a pesar de su indiscutible éxito, el proyecto europeo parece encallado. Los intereses particulares de cada país vuelven a primar sobre los intereses generales y son muchos los ciudadanos que se muestran indiferentes, cuando no hostiles, al proyecto europeo. El colapso se inició bastante antes, pero ha culminado con la durísima crisis económica que padecemos. ¿Es el final del camino? ¿Vale la pena seguir en esta Unión, tal como la han dejado?