FacebookTwitterYoutubeInstagramTelegram

¿Puede ser justa una guerra?

Crónica de la última tertulia interna de CJ

Ante la brutalidad, la rapidez y la contundencia en la reacción son a menudo comprendidas, e incluso exigidas como necesarias, desde muchos sectores de la sociedad. El nivel de respuesta ante una acción violenta puede llegar a ser entendido como una acción de justicia, otorgando el papel de juez al que la imparte, de acusación a quien la aprueba y de jurado al que es capaz de mirar con ojos complacientes las consecuencias que supone. La irrupción del Estado Islámico en la convulsa escena internacional ha removido las conciencias del mundo occidental. La extrema y teatral violencia que, en nombre del Islam, esta rama expulsada de Al Qaeda practica, parece haber relegado a segundo término la difícil situación en Oriente Medio, dejando paso a un clamor unánime. Se pide una respuesta contundente a la amenaza de la yihad islámica que aterroriza el mundo. Se pide una guerra, ya que ahora sería justa. Pero, ¿hasta qué punto puede ser justa una guerra? ¿Está justificado hablar de justicia cuando se habla de la máxima expresión de la violencia? ¿Qué y quién justifica una guerra? ¿Cuáles son los fundamentos bíblicos y teológicos de esta doctrina? ¿Qué dicen la filosofía y los derechos humanos? En una nueva jornada de reflexión planteada desde Cristianisme i Justícia, Xavier Alegre (biblista, teólogo y profesor de Teología de la Facultat de Teologia de Catalunya), Josep Maria Esquirol (filósofo y profesor de la Universitat de Barcelona) y Domènec Valls (jefe del departamento de Teología moral de la Facultat de Teologia de Catalunya) analizaron con detenimiento todos los rincones de un debate con miles de aristas. Echando una mirada a las Escrituras, Xavier Alegre recordó que hay que contextualizar cualquier escrito, ya que "un texto fuera de contexto no es más que un pretexto". En el Antiguo Testamento, el entorno marca la experiencia de la lectura, recordó Alegre, destacando que la violencia era usada en ese momento como punto de partida para "establecer un estado", para "dar identidad", ya que ésta "se hace fuerte cuando se tiene miedo". Existen tres momentos clave en torno al concepto de violencia en la Biblia, según Xavier Alegre: cuando el Pueblo de Dios participa de la violencia, cuando éste desenmascara la violencia y cuando propone la no violencia como estilo de vida alternativa. Es por ello que "la relectura de qué es lo que Dios quiere la tenemos que hacer desde Jesús", recalcó el profesor de teología, recordando que "Jesús se muestra siempre en contra de cualquier tipo de violencia". A nivel filosófico, Josep Maria Esquirol matizó que, considerar una guerra como justa implica la idea de "justicia", concepto intrínsecamente relacionado con el bien. Es, por tanto, más comprensible hablar de "justificable", entendiendo que la guerra forma parte del género de la violencia. Desde un punto de vista social y político, "la lógica de los pueblos incorpora la violencia de forma universal, tanto a nivel estructural como a nivel personal". Desde el Estado, que es el único ente que tiene el monopolio de la violencia física legítima, se trata de establecer unas normas y unos comportamientos para contener el conflicto. Éste, sin embargo, parece inevitable, sobre todo en una situación donde la igualdad (a pesar de ser teórica) se enfrenta con la escasez de recursos. Es aquí donde Esquirol se refirió a la idea de la religión, que, siendo verdadera, se muestra siempre y de forma inexorable en las antípodas de la violencia. Para ser verdadera, una creencia debe ser ligera, sin muchas argumentaciones. Además, desde el punto de vista religioso, el Cristianismo supone un nuevo inicio en esta relación de conflictividad inherente al ser humano, ya que aporta la idea del "sacrificio", una "lógica de donación, de gratuidad", y, en definitiva, "de sensatez". El ideal cristiano, sin embargo, "choca con la realidad de la vida", recordó Domènec Valls. A pesar de estar incluido en el catecismo, es en este choque donde resurge la idea de guerra justa, comprendida como una forma de "minimizar los estragos de la violencia". Citando a Santo Tomás de Aquino, una guerra es justa cuando intenta paliar una injusticia evidente y grave que dé motivo a una legítima defensa. Esta defensa, sin embargo, sólo se puede dar cuando: fracasan todas las soluciones pacíficas posibles; declara la guerra el soberano; hay fundadas esperanzas de ganar; la situación resultante del conflicto armado no sea peor que la que había antes ni que el daño que se trata de derrotar. De esta manera, más que guerra justa habría que incorporar la idea de defensa justa. Alejados, así, de la idea de una causa justa, Domènec Valls destacó que hay que resolver "la confrontación entre la inevitabilidad de la guerra y el deseo de la paz". Desde un punto de vista moral y cristiano, no vale la idea de "si quieres la paz, prepara la guerra", ya que es un concepto anclado en un equilibrio de terror, de miedo. "Si quieres la paz, prepara la paz". El debate, necesario y enriquecedor, tuvo una profundidad insondable. La complejidad del panorama internacional actual, sobre todo en un Oriente Medio perdido en un conflicto eterno ideado a menudo muy lejos de sus fronteras, hacen imposible determinar la acción definitiva a emprender ante la barbarie. Ya no sólo es el Estado Islámico, es la cultura del miedo perpetuo. De momento, sin embargo, la personificación de esta brutalidad tiene nombre y apellido. La postura occidental de mostrarse contrariado entre el ideal de la no violencia y la idea de una guerra justa, parece condenar a las víctimas a una actitud heroica, de la que nosotros nunca seríamos capaces: la de perdonar, mostrarse compasivos con su torturador. Las víctimas piden ayuda, claman una mano y hay que valorar con presteza una respuesta. Se necesitan estrategias transformadoras, defender de forma justa toda vida humana, asumiendo siempre toda responsabilidad de nuestras acciones. Antes, sin embargo, se necesitan más debates como el planteado en CiJ, sólo así se puede vislumbrar el alcance del ser humano, las implicaciones de sus decisiones y la importancia de una mirada al lado trascendente de cada uno, una mirada a Dios para encontrar la clave.(Crónica de Carles Villalonga)