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En este cuaderno escucharemos las voces de seis personas que generosamente nos ofrecen su testimonio de fe, una fe que se ha ido construyendo a lo largo de vidas marcadas por el sufrimiento y la resistencia, la exclusión y el encuentro, la relación conflictiva con Dios y el descubrimiento de su amor infinito. Es en cierto modo continuación de El reconocimiento de las personas LGTBIQ+ en la Iglesia (Cuaderno CJ n.º 229), y pretende tirar del hilo de lo apuntado allí por James Martin SJ: «el acercamiento pastoral a los católicos LGTBIQ+ no es simplemente una moda, ni una tendencia pasajera, ni siquiera algo que responda a las “presiones” de la cultura, sino una labor constitutiva de la Iglesia y una misión que encuentra sus raíces últimas en los Evangelios».
“Tres vectores: los estudios y las mediaciones naturales para el apostolado; las relaciones humanas y las amistades, como forma de apostolado; la espiritualidad y el apostolado, formando una unidad íntima. Todo esto es el legado que nos deja Ignacio, el peregrino, durante los dos años de Barcelona, una estancia preparada por una más breve que duró solamente tres semanas. Por esta razón, parece que este legado es una llamada al agradecimiento a Dios por cómo modeló el carisma ignaciano en esta ciudad y una interpelación a nosotros, llamados a vivirlo en una sociedad tan diferente quinientos años después. La obra que presentamos es una modesta ayuda para asimilar el legado ignaciano: tomar más conciencia de lo que significó para el peregrino Íñigo su estancia en la ciudad condal y, así, prolongarlo en nuestras vidas”. Del prólogo de Josep M. Rambla SJ.
Ciudadanos de esta ciudad, peregrinos hacia otra ciudad definitiva. Hay afirmaciones que solo llegan a ser verdaderas si las enunciamos como tensión de dos palabras: amor y justicia, acción y contemplación, libertad e igualdad, sujeto y comunidad, bien de todos y de cada uno, subsidiariedad y solidaridad. Omitir una de dos sería falsear la afirmación. En estos Apuntes el autor propone cómo vivir nuestra fe en un mundo como el nuestro sin caer en el fundamentalismo sectario pero sin disolverse en una mundanidad espiritual posesiva, individualista o depredadora.
La pregunta sobre si es posible la experiencia espiritual tiene una respuesta inmediata: sí, sin duda. La persona es un ser que trasciende constantemente los mecanismos biopsíquicos. Y esto no solo se ve desde las religiones y la teología —donde la cuestión parece una obviedad—, sino también desde la filosofía, la antropología, el mundo del arte o la educación. Pero responder solo con este «sí» sería una verdad a medias. En este cuaderno el autor explica de una manera argumentada como la cultura occidental, ha condicionado nuestra mirada a la realidad desde hace siglos, alejando esta posibilidad y haciéndola especialmente difícil.
Vivimos en sociedades que, simultáneamente, nos dispersan y nos sobreexigen. ByungChul Han afirma que nuestras sociedades nos permiten estar hiperconectados y, a la vez, nos presionan para que seamos altamente productivos. La dispersión genera relaciones superficiales y la sobreexigencia genera relaciones insanas e hirientes. En este cuaderno presentamos la meditación como práctica espiritual que nos ayuda a centrarnos en el presente, atenuando la dispersión y generando relaciones más profundas, y a reducir la sobreexigencia, engendrando relaciones más sanas.
El segundo número de Apuntes de espiritualidad quiere ayudarnos a afrontar el convulso tiempo actual, alejándonos tanto de la ingenuidad como de la resignación. Partiendo de un interrogante que a menudo nos habremos planteado: ¿es la esperanza un sinónimo de optimismo?, nos muestra como, más allá de esta predisposición natural, en el corazón de toda persona habita la esperanza. Un esperar que implica relación, siempre esperamos algo, esperamos en Alguien. Los Apuntes nos describen qué significa por los cristianos poner nuestra esperanza en Dios y en Cristo.
En Cristianisme i Justícia cada fin de año intentamos reflexionar sobre el momento presente con el fin de apuntar a posibles líneas de fuga que se erijan como propuestas para la construcción de un nuevo futuro. En esta línea, hoy proponemos un ejercicio de imaginación sociopolítica con la voluntad de recuperar y rescatar algunas palabras del secuestro y la apropiación tergiversada que de ellas hace el posfascismo. Ante esta afrenta, nuestro pequeño diccionario pretende sacar a la luz sentidos olvidados de los que servirnos todos y todas en nuestro camino compartido hacia la justicia global.
Iniciamos esta serie Apuntes de espiritualidad con este primer texto: una oración inspiradora y a la vez programática de Pedro Arrupe, Padre General de la Compañía de Jesús (1965-1983), que se encuentra al final de la conferencia «El modo nuestro de proceder», impartida en Roma el 18 de enero de 1979. Se dirigía a los jesuitas de todo el mundo con el fin de ayudar a volver a las fuentes del propio carisma y a adaptarse a las cambiantes condiciones de los tiempos. Continúa siendo hoy un texto sugerente y válido para cualquier persona que desee concretar el seguimiento de Jesús hoy.
Este cuaderno presenta algunas bases del camino espiritual ignaciano a personas que, confesándose o sin confesarse cristianas, cuidan su vida espiritual de diferentes formas. Animar a cuidar la vida espiritual de manera personalizada ofreciendo un acercamiento al camino espiritual ignaciano parece que es, en los tiempos actuales, una forma de proponer la fe cristiana.
Este cuaderno va sobre la conversación, sobre sus condiciones de posibilidad en un mundo donde la distracción y la dispersión lo han empobrecido hasta límites que ni podíamos sospechar. Y el marco o la tradición desde el cual el autor nos habla es el de la espiritualidad ignaciana, una espiritualidad que tiene precisamente en la conversación su lugar central. Y es que como dice el autor "El primer requerimiento para la conversación espiritual es escuchar. Escuchar a fondo, darse cuenta del otro y de su presencia, compadecerse y no pasar de largo. Y después preguntar. No hay interés por el otro sin hacer buenas preguntas; no hay buenas preguntas sin interés espiritual por el otro. Habla y ayudar van juntos, son indisociables"