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Penúltimas palabras: realidad y esperanza

En su reflexión de Fin de Año, el centro de estudios Cristianisme i Justícia invita a recuperar los principios de realidad y esperanza como orientación para la vida de personas, comunidades e instituciones

Cristianisme i Justícia publica este 29 de diciembre su reflexión de Fin de Año. Como es habitual, el centro de estudios cierra el año con una mirada a los acontecimientos de los últimos meses, señalando amenazas, pero también buscando las grietas que permitan vislumbrar alternativas para un futuro mejor.  En esta ocasión, lanza una llamada a recuperar el principio de realidad y el principio de esperanza como forma de hacer frente al momento presente.

En su texto, Cristianisme i Justícia pide poner todos los sentidos en la realidad y ser conscientes de qué significan, por ejemplo, los desahucios, la violencia machista, la pobreza energética, la irregularidad administrativa en que se encuentran miles de personas migrantes, o las más de 30.000 muertes de ancianos en las residencias desde el inicio de la pandemia.

El principio de realidad es necesario “porque nos obliga a preguntarnos cuáles son las causas”. Causas que se encuentran en “estructuras de injusticia y en una cultura que justifica esta realidad y la esconde”. El texto advierte que, si bien es cierto que nunca como ahora habíamos hablado de bienestar emocional, tampoco nunca como ahora habíamos olvidado su conexión con la realidad. “Pretender abordar este bienestar de una forma abstracta, sin fundamentarla en nuestra manera nuestra manera de vivir, consumir o compartir, en nuestras políticas sociales, de vivienda, de educación, de cooperación… no es nada más que seguir huyendo de la raíz de los problemas.”.

Cristianisme i Justícia pide, pues, no caer en la tentación del escapismo, de encerrarse en lo conocido y seguro. Por contra, nos pide abrir los sentidos y ser capaces de percibir las situaciones dolorosas, así como también las que surgen de la vida y la solidaridad.

Al principio de realidad y frente a la incertidumbre, se propone el principio de esperanza, porque “el dolor y el malestar en una situación como la que vivimos al final nos puede desbordar y paralizar” y corremos el riesgo de buscar respuestas en los nihilismos, negacionismos o neofascismos. Una esperanza que en el caso del cristianismo se fundamenta en la fe y en la confianza que otro mundo es posible. Una esperanza que se despliega en testimonios y experiencias de personas y colectivos en todo el mundo que “han abandonado los miedos, su comodidad y seguridades, y se han movido en dirección a los demás en un auténtico proceso de conversión, a veces desde la fe, a veces desde el puro humanismo”. Cualquier pequeño paso adelante, concluye el texto, alimenta la esperanza y la hace razonable, porque nos muestra que “la realidad puede cambiar y el mal moral no es inevitable”.
 


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