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La soberanía alimentaria es una alternativa para abordar la desaparición del medio rural, los problemas de la pobreza y el hambre, y los daños ambientales de todos los rincones del planeta. En definitiva una propuesta de cambio social, desde el ámbito de la agricultura y la alimentación. En este papel el autor expone un decálogo para ayudarnos a hacer un buen uso de nuestro poder como consumidores.
El cambio de año nos invita a cuestionarnos por qué unos pocos, un 20% de la humanidad, vivimos dignamente mientras el 80% no. Y también nos invita a plantearnos retos como: la refundación del capitalismo y limitación de beneficios y sueldos, los nombramientos de cargos en el Consejo General del Poder Judicial y en el Tribunal Constitucional, pacto estatal sobre educación, cuestión migratoria y refugiados, una U.E. más justa y democrática, injerencia de los EE.UU. en otros países, tensión local-global y papel de la Iglesia, nueva guerra fría, crisis climàtica, reforma eclesial. Constatados los problemas, podemos aportar soluciones.
A punto de entrar en una nueva década, el texto se plantea múltiples cuestiones desde la óptica de la justicia, la solidaridad y los DDHH. Destaca una: ¿Superar la crisis sin profundas reformas sociales? Se hace un repaso de lo que ha sucedido durante los años anteriores y se pregunta sobre el futuro a medio plazo: sueldos, trabajo, Naciones Unidas, proteccionismo, paraísos fiscales, salud, igualdad de género, dictaduras, medio ambiente, ... Y una afirmación: son necesarias transformaciones a fondo
Desde hace unos años, el periodismo se ha juntado con la actualidad y la publicidad, tres ámbitos perfectamente legítimos, pero cuyo hermanamiento ha generado monstruos. El periodismo correcto es sencillamente aquel que es capaz de guiarse por el código deontológico. Nadie debería renunciar a estos mínimos exigibles y así conseguir dar una información correcta.
Los ODM fueron fijados por la ONU en 1990 y plantean unos objetivos concretos en materia de desarrollo que se deberían cumplir en 2015. Cuando faltan menos de cinco años para que se cumpla el plazo, será interesante ver si estamos o no en el buen camino.
Este es el título de la reflexión de fin de año que hemos elaborado desde Cristianisme i Justícia. En el texto señalamos tanto los puntos que consideramos más preocupantes de la actual situación económica y social como algunos signos de esperanza que deberían ayudarnos a superar este difícil momento. Ante el riesgo de ir hacia un “escenario de mayor pobreza y desigualdad” se hace necesaria la búsqueda de formas de organización social más justas.
Aquí se encuentran los datos referentes a los principales retos que desde Cristianisme i Justícia, nos planteábamos con la publicación del cuaderno número 200, en septiembre del 2016. Tras estos retos, hay unas realidades muy concretas, la auténtica magnitud de las cuales a menudo desconocemos. Poner cifras a los retos ayuda a tomar conciencia de todo lo que queda por hacer.
Cuando pensamos “hacia dónde va la democracia”, nos viene de inmediato a la cabeza la crisis de sus instituciones tradicionales. Es decir, los partidos, los estados tal como los conocemos y los actores tradicionales de la transformación social, como por ejemplo, los sindicatos. Pero la crisis es mucho más profunda y es precisamente de esta profundidad de la que habla este papel.
Este es el grito de un grupo de jóvenes que forman parte de la llamada generación perdida: la mejor preparada de la historia de nuestro país y, al mismo tiempo, la que esta sufriendo una precarización laboral más dura. Una invitación a la esperanza, a recuperar la fraternidad, a trabajar por el bien común, a combatir el individualismo y la indiferencia.
Nadie pudo prever la primavera árabe y nadie puede hoy asegurar la dirección que tomarán los acontecimientos. En cualquier caso, sí que podemos ofrecer los puntos clave para iluminar un poco la compleja situación, teniendo en cuenta que tres años después, las causas que provocaron las revueltas continúan intactas.